lunes, 12 de junio de 2017

La Floración.

La Floración.


Escuetas miradas galopan entre sus ojos
y el verdor de la superficie de aquel lago,
deseos de poder ver, de ser encontrada
cuando se sabe perdida en aquel vestigio
de una vida mejor, unos instantes nimios
que sortean las mil vicisitudes para llegar,
sin juzgar el pasado, sin juzgar equívocos
sólo poder concebir la brisa en el rostro
como si fuera la última sensación vivaz
acaso hubiera escrito el adiós tras el sello.

Un lacre rojizo con mejores líneas señaladas
dos veletas que acompasan la dirección final
saberse en los dedos del cocinero y su puñal
y revertir todo aquello que escapó al latido
ese compungido exceso de virulencia fatal
dos bocanas de hálito que escapa justamente
al separar los labios para encontrar el maná
ese sin sentido que recorre desde el tuétano
hasta la más profunda génesis del crepúsculo
apenas a un palmo de su mirada, esos ojos.


Verbo y lujuria, sirena suicida que me repulsas
cual si fuera un criminal que escapa al designio
porque prometí ante tu embeleso lo imposible
y me condenas por haber atiborrado tu ilusión
con sueños de plata sin apenas conocer su color
perdido como siempre he sido de tanta noche
bajo mantos de luceros que mimaban tu boca
para apaciguar la sed de unos niños acorralados
por el cuento de zapatos en el alfeizar equívoco
al descubrir el resueno de hechizadas campánulas.


Madre de dios, rosario de cuentas preciosas
un libro quemado en los años y el mármol,
no quiero epitafios que levanten obstáculos
esas barreras que cuando brincaba no existían
para qué dejarlas cinceladas en tamaño olvido
No sería una afrenta con la memoria real
Y el gorjeo de un pajarico que dejó de trinar
de canturrear bajo las sombras del sauce ladino
que robó las lágrimas al centelleo de la noche
brindando porque nada deje huella sempiterna.


Sube la chalupa a contracorriente
remando en unos brazos prestados
igual que cuando nada es silente
esperando que el rebelde se levante
grite toda la afrenta, y se vengue
porque nada será vedada, ni importará
ya seré un amasijo de huesos carcomidos
un vergel para las nuevas simientes
y un severo correctivo a lo que pudo ser
pero escapó al raciocinio de los hombres.


Ya veo las plateas levantadas aplaudiendo
al orfeón que canta aquellos poemas,
los mismos cánticos que nadie leyó jamás
pero que el mito libró del mutismo
para señalarlos como eternos y necesarios
como si la primavera comenzara con una flor
sin esperar a las otras, sin sufrir la envidia
porque quién envidia a los muertos
si al crepitar el nocturno todos palmean
llenan vítores los silencios, confinan la soledad.


Y las mujeres desnudan sus cuerpos al son
Y los cuerpos están demacrados, escurridos
Y vierten el tiempo en mapas de cicatrices
Y rehúsan seguir proclamando la eternidad
Y piensan, y ahora hasta piensan en libertad
Quedan mil plazas cubiertas por la retórica
pues al fondo suena un lamento de piano
hay tres voces beodas clamando la verdad
justo cuando los cines dan la última función
de aquella película tan dispar, tan pretérita.


He claudicado ante la estulticia libre
porque no he conseguido vivir rápido
y he sido alcanzada por el jaque mate
sin esperar a concluir nuestro tiempo
barajando sin cartas marcadas el sino
igual que una disociación de corcheas
habiendo desvencijado la obra magna
esa que una vez llevamos bravamente
como si fuéramos formas inmortales
apenas a dos palmos de aquel resultado.


©SantiagoPabloRomero.Bluesman’17.
Imagen:JacqPaRo.

Music: MichelleGurevich-WhatWasSaid.

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